Long Distance Calling – Boundless (2018)

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LDC BoundlessCuando algo es bueno, funciona bien desde el principio. Long Distance Calling es una banda alemana que ha lanzado seis álbumes con la envidiable reputación de ser todos excelentes. Este año salió al mercado el más reciente, titulado Boundless, que en español significa “sin límites”. La razón es porque en esta ocasión no hay letras ni vocalistas, contrario a los anteriores, donde siempre había más de alguna cantada. El resultado es un álbum brillante. No sólo dentro de su discografía, también en todo el género post-rock. Nada menos que una maravilla. La música de LDC suele ser pesada dentro del espectro que maneja el post-rock, utilizando riffs dignos de heavy metal que constantemente incitan al headbanging o como mínimo, a seguir el ritmo con un pie. Ese es su estilo, una propuesta más fuerte y muy bien definida. Sus canciones tienen ritmos complejos pero accesibles y con una cantidad de cambios que nos recuerdan al metal progresivo, un género que también han asimilado en su música. En cada pieza exploran muchas ideas y a pesar de lo dispares que podrían ser unas de otras, siempre encuentran la manera de unirlas de una manera tan orgánica que engrandecen la canción. Todo el sonido es muy bien demarcado y los soundscapes que emplea el género son de gran claridad y definición. Boundless está cargado de una energía que consigue que todo nuestro cuerpo vibre al compás, es un deleite el escucharlo y gustará a quienes aprecian el post-rock más fuerte y también a los fieles seguidores tanto del heavy metal como del progresivo.

LDC band photo
Janosch Rathmer, Jan Hoffmann, David Jordan y Florian Füntmann

Dejé volar mi imaginación y di una interpretación muy personal a cada una de las 8 canciones que tiene el álbum. Fue una muy interesante experiencia el plasmar en palabras los sentimientos que fui teniendo con cada una. Espero que puedan sentir esas emociones también y disfrutar de esta mágica música de la mano del texto que la misma me inspiró a escribir.

Out there nos recibe con una batería cargada de energía que inmediatamente se hace acompañar del resto de los instrumentos. Es fuerte y desde ya nos deja entrever la línea que lleva el álbum. Pronto comienzan los cambios rítmicos y cada uno de ellos está tan bien realizado que no nos damos cuenta de que esta es una canción de más de nueve minutos. Las melodías son llevadas por las guitarras y un teclado que escuchamos con menos intensidad. El bajo también suena claramente con un sonido muy agradable. Cuando empieza el último tercio, retoma fuerza y podemos sentir cómo la música nos lleva a un viaje maravilloso con un riff que se repite para conseguir ponernos en un glorioso trance.

Ascending también comienza con fuerza y las guitarras entran desde el inicio dispuestas a dejar una fuerte impresión. Sentimos como hace honor al título, nos toma de la mano y ascendemos paulatinamente al ritmo que nos marca. Cada cambio nos impulsa, como una corriente térmica debajo de nuestras musicales alas. Cada vez nos elevamos más y sentimos la frescura del frío viento de las alturas. Allí nos quedamos por unos minutos que se nos vuelven demasiado cortos hasta que termina la canción, abrimos los ojos y seguimos flotando, para continuar la experiencia en las nubes.

In the clouds nos sujeta desde el punto en el que Ascending nos dejó. A pesar de que no están conectadas las dos canciones, ahora sentimos cómo nos encontramos entre las nubes en un delicado vuelo. Luego de una extendida introducción, nuevamente nos ponemos en movimiento siguiendo la dirección marcada por las guitarras. El bajo toca notas que nos dan impulsos y la batería nos acelera con su ritmo. Cada cambio es una nueva vista, no nos detenemos en ningún momento. A medida que se pone más fuerte la melodía nos acercamos a unas grises nubes y quedamos suspendidos allí hasta que se acaba el viaje. Abrimos nuevamente los ojos y estamos de pie frente a un río.

Like a river se presenta con el ruido de agua corriendo, viento, electricidad y unas delicadas guitarras que suenan con una temática del viejo oeste. El ritmo es más suave pero incesante, estamos siendo llevados al ritmo de la batería y el bajo mientras las guitarras nos pintan el paisaje. Una sección de viento marca el primer cambio y seguimos avanzando con la corriente. Más adelante nos recibe una sección de cuerdas que se escuchan con melancolía, pero el ritmo que llevamos no varía, sólo se hace más suave hasta que cesa y nuevamente quedamos inmóviles.

The far side nos recibe con sonidos que nos hacen sentir en un paisaje de ciencia ficción hasta que la batería entra tocando y nos impulsa a avanzar. Hay luces por todos lados. Nos encontramos en el balcón de un altísimo edificio y vemos la vasta ciudad debajo de nosotros mientras nos maravillamos de todo lo que esa metrópolis alberga. Vemos diversidad de vehículos volando ordenadamente. Todo brilla, está limpio y reluciente. Estamos presentes en un futuro que de momento no existe más que dentro de nuestra imaginación. Nos despedimos con unos fuertes riffs en las guitarras pero sin olvidar dónde hemos estado.

On the verge comienza suavemente, es un respiro temporal en lo que arriba la siguiente marea musical. Estamos dentro de una cueva casi a oscuras. Luego de un minuto, comienzan a encenderse las primeras luces, brillan en forma de esferas. Comenzamos a ver que está cubierta de vegetación. El aire es fresco y cerca tenemos una laguna poco profunda y cristalina. Sube más la fuerza de la música y se encienden ya todas las luces que hay. Pero todavía no se mueven, esperan a la música que está a punto de dar un enérgico giro, se preparan y comienza el espectáculo. Todas las fuentes de luz flotan al unísono, formando figuras e imágenes maravillosas cada vez más complejas al compás del ritmo de la música hasta que la misma concluye y logramos empezar a comprender la belleza de la que acabamos de ser testigos.

Weightless es etérea y difusa y nos infunde una sensación de fresca y relajante liviandad. Flotamos y descansamos al ritmo de la música. Todo lo que nos rodea comienza a opacarse y nos abstraemos hasta que disfrutamos del viaje. Hay colores que van cambiando como en oleadas impulsadas por las notas que escuchamos. Todo lo observamos desde dentro de una esfera en la que estamos suspendidos. La guitarra al final nos marca que hemos llegado a nuestro destino. Abrimos los ojos, hemos llegado a la última estación.

Skydivers nos lleva nuevamente a las alturas. Estamos en un pequeño avión, de pie al lado de la puerta abierta. Saltamos. El viento aumenta conforme ganamos velocidad. El suelo está lejos y tenemos suficiente tiempo para maravillarnos de esa intensa sensación que estamos viviendo. Aunque nos encontramos en ese lugar, la música nos incita a un headbanging en medio del aire. El suelo está cerca, queda poco tiempo antes de abrir el paracaídas. La guitarra nos acaricia con un solo que se traduce en esa tela que frena nuestro frenético descenso para lentamente llegar a poner los pies de nuevo en tierra. El viaje fue fantástico. Regresamos llenos de energía y dispuestos a enfrentar lo que venga.

Y así concluye este espectacular álbum, que es digno de ser escuchado muchas veces.

Antonio Chico 2018

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